El militarismo capitalista contra los pueblos. La criminalización de Putin como arma de la OTAN

Nota: Texto a exponer en el Círculo Cultural Juan XIII, C/ La Palma, Córdoba, el jueves 4 de julio a las 21 horas.

«Los suizos son muy libres porque disponen de armas propias»1.

«Solo aquellos que temen al descontento del pueblo tienen miedo de armarlo, escribe Clausewitz, que aconseja: “Que el gobierno reúna en torno a sí los representantes del pueblo. Que este consejo sea su primer apoyo, su apoyo y su ayuda”»2.

«Se llama terrorismo a la guerra de los débiles, y guerra –y hasta “guerra limpia”– al terrorismo de los fuertes»3.

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Estas y otras muchas citas de referencia, vienen a cuento para plantear la otra cara de la violencia imperialista, la del derecho/necesidad de la resistencia de los pueblos y clases explotadas contra las brutalidades opresoras. La necesidad de resistir a las atrocidades de las clases dominantes, que en estos momentos tiene su máxima expresión en la OTAN y en otros ejércitos imperialistas, exige saber qué es y cómo actúa el militarismo como parte esencial de la acumulación del capital desde sus orígenes desde, al menos, el siglo XIV y definitivamente desde el siglo XVII. Esta imprescindible perspectiva histórica y teórica se minusvalora o se desprecia por varias razones:

Una, la lenta recuperación de la teoría marxista del militarismo que aunque va tomando fuerza todavía no ha alcanzado y mucho menos superado la rápida agudización de las contradicciones mundiales. Esto nos lleva a otra razón, la lentitud en la recepción por el proletariado de las explicaciones críticas sobre qué está sucediendo, qué es la OTAN y el porqué de su ferocidad, qué hay debajo de la multipolaridad, de los BRICS, cuál es la situación real de la economía imperialista, etc. A estas dos razones se suma una tercera: la fácil palabrería geopolítica de los “finos analistas” mediáticos que se limitan a dar vueltas alrededor de lo obvio, emborronándolo todo sin tocar la lucha de clases, es más, intentando convencernos de que no existe lucha de clases y de liberación nacional antiimperialista.

En este artículo veremos brevemente que la militarización es consustancial a todo modo de producción asentado sobre la propiedad privada de las fuerzas productivas y sobre la explotación social; que con el desarrollo del capitalismo, la militarización se imbrica definitivamente en el proceso de producción, y que desde comienzos del siglo XXI y en especial desde la tercera Gran Depresión de 2007 en adelante, el imperialismo está lanzado a la desesperada en la preparación de nuevas guerras injustas, con la introducción de nuevas tácticas de manipulación de masas como se comprueba en la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, y en Oriente Medio del imperialismo sionazi contra Palestina.

Dax Toscano4 mostró en 2022 la función de la mentira sistemática en la estrategia de destrucción de Rusia, investigación concreta que sin embargo ilustra la generalidad de la mentira en el intento de dominar el planeta. En 2024 M. Rodríguez Illana se ha centrado en la campaña contra Putin, presidente de Rusia democráticamente elegido, extendiendo su análisis incluso al papel del Gran Wyoming5 entre otros muchos, en la legitimación del imperialismo. La que podríamos definir como «ciencia de la mentira» es uno de los métodos permanentes de la CIA y de otros muchos servicios imperialistas para desestabilizar6 el mundo y, aprovechando ese caos provocado, anular toda resistencia. Siempre se ha sabido que el adoctrinamiento de las personas es más efectivo si se inicia desde su primera socialización. R. Vega Cantor ha contabilizado en nada menos que 4.240 los títulos censurados en las bibliotecas escolares7 yanquis, un 65% más que en 2022, censura para introyectar la sumisión y el racismo en la juventud de EEUU de cara, entre otros objetivos, a recuperar las declinantes tasas de alistamiento en sus ejércitos.

Andrés Piqueras, por su parte, ha puesto al descubierto la gigantesca red de organizaciones de todo tipo, de empresas e instituciones que sostienen el poder sionista en gran parte del mundo, protegiéndolo y justificándolo como poder militarista8 que aterroriza impunemente a muchos pueblos, en especial al palestino. El ente sionista es parte fundamental del imperialismo dirigido por EEUU, de modo que esa unidad político-militar y socioeconómica, que veremos con más detalle luego, es la que elabora nuevas doctrinas militares a la vez que mejora las anteriores, bajo las presiones de las luchas de los pueblos trabajadores contra la transnacionalización del capital, como es el caso de la guerra del lawfare9.

Romper el cerco de mentiras y censuras, de manipulación metódica desde la primera infancia, es tanto más urgente cuando vemos que la proliferación de violencias, conflictos, guerras locales y regionales en el mundo ha superado todos los récords hasta el presente. Una media de las diversas investigaciones más recientes sugiere que ahora se libran alrededor de 190 conflictos de diversas intensidades de los cuales 52 son «duros», de alta intensidad, en los que de un modo u otro intervienen no menos de 92 estados. A la vez, se intensifican y extienden los ataques a los derechos sociales básicos, a los mismos principios de la democracia burguesa que la Unión Europea decía liderar, pero impone el retorno autoritario al pasado10.

También y huyendo de alarmismos, se amontonan otros problemas: «Estamos entrando en un mundo cada vez más frágil, volátil y sujeto a cadenas de crisis entrelazadas. Un escenario caótico y disruptivo que muchos científicos califican de colapso ecosocial, de alcance mundial y carácter casi irreversible.»11. Además, las principales burguesías imperialistas han reconocido desde inicios de 2024 que se avecinan tiempos de turbulencias12 por la confluencia de guerras, penetración de la IA, etc., lo que dará aún a más fuerza a la «profunda desglobalización» como así está sucediendo; de hecho, el capitalismo yanqui ha sufrido un «frenazo en seco»13 en los últimos tiempos, lo que augura una multiplicación de su ferocidad imperialista, cuando proliferan las interrogantes sobre si se acerca el final de la dictadura14 del dólar, una de las armaduras del militarismo: las guerras que está multiplicando EEUU por el mundo buscan descargar parte de su impagable deuda, que crece en un billón de dólares15 cada 100 días, sobre la humanidad entera.

Por último, la verdadera gravedad de la crisis genético-estructural que mina ahora con especial fuerza al capitalismo occidental, y que es la razón última del recurso suicida a las guerras locales y regionales como posible antesala de una nueva guerra mundial, no es otra que la tendencia a la desindustrialización productiva de Occidente, es decir, al retroceso de la producción de valor y, a escala mundial, de la productividad del trabajo. La llamada «economía de servicios»16 es pan para hoy, pero hambre para mañana, lo que ocurre es que el mañana ya es el hoy del empobrecimiento para las clases trabajadoras. Un ejemplo más de huida hacia adelante es el la economía española en desindustrialización, que, sin embargo, opta por aumentar su gasto militar. Aprovechando su control de la prensa, la propaganda antirrusa y la colaboración pasiva o activa del reformismo, el Gobierno español incrementa en silencio sus gastos militares: casi 14.000 millones de euros extras en medio año17, añadidos al presupuesto oficial de la guerra, sin debate público alguno.

La dialéctica marxista nos explica que la intensificación de las contradicciones internas a las «cadenas de crisis entrelazadas» tiende a su síntesis cualitativa superior en contenido y forma, saltando a una gran crisis genético-estructural del capitalismo, crisis que puede culminar en el avance impetuoso al socialismo, en la derrota revolucionaria y el reforzamiento de un capitalismo aún más atroz o en el exterminio mutuo de las clases antagónicas en lucha. La tendencia históricamente ascendente a la militarización es un componente objetivo de esta dinámica, uno de cuyos fines centrales, unido a otros, es el de garantizar o imponer por cualquier medio el orden político-militar imperialista a las clases y pueblos explotados.

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Ante la gravedad actual de la crisis mundial, ante el colaboracionismo activo o pasivo de las fuerzas reformistas con las ofensivas del capital, ante el desconocimiento y dudas sobre las causas reales de esta situación, debemos insistir una y mil veces en que la historia vuelve a dar la razón al marxismo cuando ya a mediados del siglo XIX sostenía que llega un momento en que las fuerzas productivas se transforman en fuerzas destructivas, que la deliberada destrucción violenta de fuerzas productivas especialmente de fuerza de trabajo humana, es la única solución definitiva del capital para resolver las crisis según sus intereses. El Estado en cuanto forma político-militar del capital es decisivo en todos los sentidos, tanto más cuando debe preparar y dirigir esas masacres.

Esta teoría general, que es la base imprescindible para saber qué es el militarismo, tomó cuerpo sobre todo a partir de las brutalidades reaccionarias y de las lecciones político-teóricas extraídas del aplastamiento de la revolución internacional de 1848. A partir de aquí, la teoría marxista de la violencia represiva político-militar y del papel del ejército adquiere la suficiente solidez teórica plasmada en varios escritos de Marx y Engels, especialmente en el 18 Brumario de Luís Bonaparte de 1852. Es verdad que en textos anteriores ya se habían adelantado puntos necesarios para entender el papel de la violencia y por tanto del ejército, del militarismo diríamos hoy, en la salida burguesa de las crisis que ella misma provocaba. Pero fue a partir de los textos de 1850 –Circular del Comité Central de la Liga Comunista– y el citado de 1852 sobre la derrota de 1848, cuando la importancia del militarismo se hace cada vez más presente de manera definitiva en todos los sentidos.

E. Marcuse, analizando el 18 Brumario, escribió: «El análisis de Marx acerca de cómo la revolución de 1848 se convirtió en el gobierno autoritario de Luis Bonaparte, anticipa la dinámica de la sociedad burguesa tardía: la liquidación de la fase liberal de esta sociedad sobre la base de su propia estructura. La república parlamentaria se transforma en un aparato político-militar, a cuyo frente un líder “carismático” de la burguesía asume las decisiones que esta clase ya no puede elaborar y ejecutar por su propio poder.»18. La agudeza de Marcuse le permite descubrir la importancia que ya tenía lo político-militar en el marxismo de 1852. Los estudios posteriores de Marx y Engels irán agilizando la conexión entre lo político-militar y lo socioeconómico, de modo que en 1857 Marx le escribe a Engels:

«…La historia del ejército pone de manifiesto, más claramente que cualquier otra cosa, la justeza de nuestra concepción del vínculo entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales. En general, el ejército es importante para el desarrollo económico. Por ejemplo, fue en el ejército que los antiguos desarrollaron por primera vez un sistema completo de salarios. Análogamente, entre los romanos, el peculium castrense fue la primera forma legal en que se reconoció el derecho a la propiedad mueble de otro que no fuese el jefe de la familia. Así también, el sistema de guildas de las corporaciones de los fabri (herreros). Igualmente aquí, la primera aplicación de la maquinaria en gran escala. Inclusive el valor especial de los metales y de su empleo como moneda parece haberse fundado originariamente –tan pronto como pasó la edad de piedra de Grimm- en su significación militar. La división del trabajo dentro de una rama se llevó a cabo también en los ejércitos. Toda la historia de las formas de la sociedad burguesa se resumen notablemente en lo militar.»19.

Marx continúa proponiéndole a Engels que estudie la aparición del mercenariado a gran escala en Cartago; que estudie el desarrollo del ejército en la Italia de finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI; y que estudie las formas de guerra de Asia, de Persia, de Turquía, de Mongolia, etc. Hay dos cosas importantes para nuestro tema a debate en esta recomendación de Marx: las relaciones directas de la guerra con la economía y con el salario que había que pagar a los mercenarios; y la sofisticada tecnología militar desde la Antigüedad, lo que nos lleva no sólo a las capacidades económicas y científicas necesarias para sostener aquellos sistemas, sino también a los efectos positivos y negativos de estos gastos en la marcha socioeconómica de las élites, casta o clases sociales que las decidían y las sufrían.

Veamos un ejemplo. Se han realizado pruebas científicas muy rigurosas sobre la eficacia de una armadura de la Grecia Antigua, del siglo –XV. Se pensaba que era ornamental, que no valía para la guerra sino que sólo era decorativa. Los resultados obtenidos de las pruebas a las que han sido sometidas las réplicas exactas, utilizadas por soldados de unidades especiales física y psicológicamente muy preparados para esas pruebas, han demostrado que hace alrededor de 3.400 años se fabricaban complejas y buenas armadura capaces de ser empleadas en durísimos combates durante varias horas bajo temperaturas de entre 30 y 35 grados sobre cero20. Podríamos poner muchos más ejemplos de aquella época, de incluso de antes, que muestran la impresionante capacidad creativa de las sociedades para fabricar armas altamente eficaces, también las que servían y sirven para que las clases y pueblos oprimidos se enfrenten a las violencias y guerras opresoras.

Es desde esta perspectiva que comprendemos perfectamente la afirmación de Marx de que «Toda la historia de las formas de la sociedad burguesa se resumen notablemente en lo militar» arriba vista. Quiere esto decir que lo militar está ágilmente imbricado en las «formas de sociedad burguesa. Según la lucha de clases se va desarrollando desde 1857 en adelante, Marx y Engels avanzan del estudio de la militarización en el pasado a sus nuevas formas en el presente. Así, en 1866, mientras escribía El Capital, Marx en otra carta a Engels dice que:

«No cabe duda de que nuestra teoría de la determinación de la organización del trabajo mediante la producción no puede encontrar mejor refrendo del que ofrece la industria de la matanza de hombres. Realmente merecería la pena que tú escribieras algo acerca de este tema –a mí me faltan los conocimientos necesarios–, algo que yo pudiese incorporar a mi libro como apéndice y que apareciera con tu nombre. Piensa en ello. Si te decides, ha de ser para el primer volumen, en el que toco expresamente este tema. ¡No puedes imaginarte lo que me alegraría que tu nombre figurara en mi obra fundamental (lo que he hecho hasta ahora no son más que pequeñeces) como colaborador y no solo en las citas!»21.

Marx admiraba la sabiduría y los conocimientos de Engels, su brillantez dialéctica, pero sobre todo su profundo dominio del arte y de la ciencia militares. Era tal su capacidad creativa sobre la guerra que altos militares burgueses llegaron a cuestionar que él fuera el autor de varios escritos que deslumbraron a propios y extraños, atribuyendo alguna de sus autorías al general prusiano von Pfuel o al comandante supremo del ejército norteamericano Winfield Scott, también candidato a la presidencia yanqui. Engels nos dio otra muestra de su capacidad al advertir en 1874 que se estaban creando las condiciones para el estallido de una «guerra mundial», término que utiliza dos veces en el artículo, que tendrá consecuencias devastadoras destacando el estallido de una oleada revolucionaria también mundial, como efectivamente sucedió en 1914. Otro ejemplo de su potencial teórico lo tenemos en su descripción directa y concisa de 1878 del militarismo capitalista como industria de la matanza humana al mostrar la identidad sustancial entre un acorazado y una fábrica, ridiculizando la lógica formal al unir una fábrica y un acorazado, mostrando que la militarización sólo es comprensible desde la lógica dialéctica.

Ahora, casi siglo y medio después, se comprende de inmediato la identidad entre un barco de guerra, un gran portaaviones yanqui, y la entera industria imperialista de la matanza humana, pero en aquella época había que haber entendido a Hegel para reconocer la razón que tenía Engels. Y es que, como en todo, sin saber manejar la llave dialéctica no se puede abrir el candado que cierra la entrada a la realidad. Por esto tiene razón R. Espinosa cuando explicándonos las relaciones entre Hegel y Marx, y por tanto con Engels, nos dice que:

«Tanto Hegel como Marx coinciden en la lucha a muerte revolucionaria por la liberación y en la necesidad de la violencia en la historia como base para el desarrollo de la humanidad. La violencia ha sido y es histórica, manifestándose en las distintas formaciones sociales, transformándose en cultura que pasa de generación en generación. Violencia entre países colonialistas y guerras imperialistas; violencia ejercida por el Estado y revolucionaria, luchas de clases, etc. Para ambos pensadores, la violencia es humana y universal, que se consigue en la lucha por la vida o la muerte como premisa de la libertad.»22. O dicho de otro modo, por Gina Paola:

«El aporte de Marx radica en desmitificar la violencia y asignarle un papel en la historia, reconociéndola como un componente determinante, más no exclusivo, de la estructuración de la sociedad y, particularmente, del cambio social. La violencia está presente en la transición entre modos de producción, en la tensión entre fuerzas productivas y relaciones de producción y en el surgimiento y consolidación del capitalismo, como mecanismo catalizador del reordenamiento de las viejas y nuevas relaciones sociales.»23.

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La militarización, los ejércitos y las policías que empezaron a crearse en aquella época, junto a la educación autoritaria y los controles burocráticos estatales cada vez más eficaces y omnipresentes, como denunciara el propio Marx. Según W. H. McNeill la industrialización de la guerra se realizó entre 1840 y 1884, teniendo un momento decisivo con la gran depresión iniciada en 1873 que marcó el inicio de la decadencia británica ante el auge de otras potencias que también militarizaban gradualmente sus economías24. La industrialización de la guerra también fue forzada por las guerras de expansión colonial europea que exigieron una «revolución armamentística» desde 1830 en adelante, según D. R. Headrick25.

Entre otros muchos investigadores, L. Raphael26 ha demostrado con especial detalle que la militarización era inseparable del desarrollo de las fuerzas policiales especializadas en la represión de la lucha de clases interna en los países capitalistas desarrollados, represión que a su vez es asegurada y reforzada directa o indirectamente con el actuar simultáneo del resto de las burocracias del Estado: asistencia social, economía, educación, cultura, aranceles, impuestos, deuda pública, administración regional, etcétera. Esta estructura de dominio y poder era la que generaba, junto con la especial atención del ejército, una mentalidad militar disciplinada y relativamente efectiva que se mostraba en el área de «mando y control»27 sobre las tropas colonialistas, superiores en la inmensa mayoría de los casos a las valientes cuando no heroicas resistencias de los pueblos invadidos desde finales del siglo XVIII.

Siguiendo en la época de 1870 en la que Engels comparó el acorazado con la fábrica, acierto dialéctico que nos facilitará llegar al fondo de la actual militarización, vemos que esa densa y dúctil red burocrática de control estatal también creaba en la tropa de base que cometía todas las atrocidades inimaginables, el orgullo de pertenecer a una «tradición militar» civilizacionalmente superior que lo justificaba todo:

«La mayoría de ellos, a diferencia de la oficialidad, pertenecía a las capas más bajas de la sociedad e incluso muchos soldados provenían de ambientes marginales, para los que el alistamiento representaba una digna salida a su modo de vida […] La paga era escasa, el servicio duro, la alimentación deficiente, pero a pesar de todo, el soldado británico se sabía heredero de una gran tradición militar en el que las penalidades y el sufrimiento eran una parte más de su deber»28.

Toda «gran tradición militar» construida por la historia oficial de las clases explotadoras es una mentira destinada a ocultar la verdad de su intereses y violencias, a la vez que a fanatizar a sus ejércitos con la mitología de la defensa de la nación burguesa superior. El militarismo, por tanto, no sólo es un efecto de la necesidad expansiva del capital, sino a la vez una fuerza de construcción histórica del Estado-nación burgués. Sin entrar a más detalles, podemos rastrear parte de los orígenes de este proceso en la guerra de los Cien Años29 entre los reinos de Inglaterra y Francia en 1337-1453, guerra en la que los diversos pueblos afectados fueron involucrándose progresivamente, aunque sin llegar a los niveles alcanzados progresivamente desde finales del siglo XVIII en adelante, cuando en 1786 Mirabeau escribió aquello de que «Prusia no es un Estado que posea un ejército, es un ejército que ha conquistado una nación»30.

Sin ir muy lejos, la historia militar oficial del Estado español se sostiene sobre «mitos» al servicio del poder imperialista, como el de que su infantería es «la mejor del mundo»31, lo que de ser cierto, que no lo es, explicaría por qué y cómo esas «virtudes raciales», unidas a las «virtudes militares» de los altos mandos del ejército, hubieran ido venciendo sistemáticamente desde al menos comienzos del siglo XIX a los «enemigos de España». El mito de la excelencia militar suprema oculta así el tremendo hecho de que mal vivamos en un «Estado hecho a tiros»32.

Para cualquier burguesía, el «honor nacional» de sus ejércitos es parte sustantiva de su identidad nacional de clase, que a su vez es uno de los componentes que forman el cemento normativo inconsciente y subconsciente de la estructura psíquica alienada. La obediencia así garantizada actúa con sus diversas formas durante el tiempo de trabajo asalariado, durante el tiempo de recomposición y reciclaje de la fuerza de trabajo, llamado «ocio» y «tiempo libre», y durante el tiempo de servicio militar sea profesional u obligatorio. En este sentido básico, la disciplina laboral en una fábrica que produce juguetes infantiles de baja calidad es la misma que la disciplina militar en un portaaviones yanqui que asesina con sus bombardeos a los y las niñas que antes jugaban con esos juguetes baratos para la exportación al mal llamado «sur global».

De lo que se trata es que se mantenga y a poder se acelere el circuito completo de la reproducción ampliada del capital: producción, distribución, venta y realización del plusvalor en plusvalía, y esta en ganancia, de modo que al final del circuito el valor inicial se haya reproducido a sí mismo mediante la sangre física y mental de la humanidad trabajadora. La disciplina bélico-salarial necesaria para producir y destruir juguetes es vital para incrementar la tasa media de ganancia, en cuanto «alma» de la industria de la matanza humana, sea esta «alma» la sonrisa inocente de una niña o la risotada asesina del aviador imperialista que la asa con napalm desde el aire.

La radical finura de la dialéctica engelsiana al mostrar la unidad entre el acorazado y la fábrica de finales del siglo XIX es ahora mismo más cierta que entonces, como también lo es que por simple unidad y lucha de contrarios, la objetividad de la explotación y de los crímenes imperialistas hace que tarde o temprano se reactiven las resistencias sociales. Si pasamos del acorazado y militarismo de finales del siglo XIX al actual militarismo y a sus portaaviones, vemos que se ha desarrollado mucho la guerra propagandística y la mentira en cualquiera de sus formas, a las que nos hemos referido al inicio de este artículo.

La categoría dialéctica posibilidad/necesidad nos ayuda a evaluar la tendencia a que lo posible salte a lo probable y de aquí a lo inevitable, que es la necesidad en realización ya irreversible. Con sus diferencias espacio-temporales, las guerras mundiales del pasado iluminan con sangre, pero también con el heroísmo de las clases y naciones explotadas, la dinámica actual. Esta categoría filosófico-dialéctica también nos permite comprender que la posibilidad de un ataque masivo de la OTAN contra Rusia está ya entrando en la fase de probabilidad, como sugiere el excelente artículo publicado por la revista ‘Tsargrad33. Ahora bien, sabemos que la lucha revolucionaria puede revertir el avance de lo posible, derrotando al poder, y aunque más difícil, puede también abortar el avance a lo probable; incluso la lucha revolucionaria puede hacer que, interviniendo en las contradicciones inherentes a lo necesario, desvíe su devenir ciego hacia los intereses de la humanidad y en contra de los del capital. Es decir, que la crisis genético-estructural acelere el avance al socialismo como lo hicieron las oleadas revolucionarias surgidas tras la I y II GM.

Si integramos la «profecía» engelsiana de 1874 y con teoría de la industria de la matanza humana de 1878, siempre dentro de la crítica marxista del militarismo, nos podemos imaginar con mucho realismo por qué A. González Ruibal ha definido como «la era de la devastación»34 a los años que van de 1919 a 1945, precisamente en la que el imperialismo lanzó su primera y desesperada ofensiva mundial, contra las revoluciones socialistas. Ahora el capital teme que la III GM vuelva a provocar otra oleada revolucionaria superior a las anteriores, que, en contra de las mentiras burguesas, no se han apagado, sino que han cogido bríos y abierto nuevos escenarios esperanzadores como la de la multipolaridad, los BRICS, las alianzas estratégicas militares defensivas entre cada vez más Estados que no obedecen ya al imperialismo o se le resisten casa vez más. Para impedir que se materialice esa oleada o debilitarla tanto que sea fácilmente exterminable, para eso, el imperialismo está organizando una segunda era de la devastación, para lo que ha unificado sus ejércitos y sus policías, en especial como «policía de la civilización»35 en un nuevo salto militarista que estabilice la «guerra permanente» practicada por una «OTAN global»36.

Ahora bien, siendo cierta la fuerza que puede tener esa resistencia multipolar que avanza por ahora, no es menos cierto que el gran obstáculo que sigue sin superar el movimiento revolucionario es la ausencia de una Internacional. Las clases trabajadoras dispusieron de la I Internacional durante la masacre de la Comuna de 1871, de la II Internacional antes de 1914 y de la III Internacional antes de 1940, por decirlo brevemente. Ahora carecemos de otra Internacional, por lo que es urgente fortalecer los movimientos antiimperialistas para que se coordinen y confluyan en otra, sin la cual nunca se acabará con el capital y su militarismo.

Iñaki Gil de San Vicente
Euskal Herria, 2 de julio de 2024.

1 Maquiavelo: El príncipe. Edit. Mexicanos Unidos. México 1979, pp. 105-117.

2 T. Derbent: Clausewitz y la guerra popular y otros ensayos político-militares. Ediciones DosCuadrados. Madrid 2024, p. 58.

3 Alfonso Sastre: Los intelectuales y la utopía. Debate. Madrid 2002, p. 39.

4 Dax Toscano Segovia: Ucrania, el peón neonazi de la política geoestratégica de los EEUU y la OTAN contra Rusia. Facultad de Comunicación Social. Quito, 2022, pp. 109-141.

5 Manuel Rodríguez Illana: La guerra de Putin. La construcción mediática del relato otanista. El Viejo Topo. Barcelona 2024, pp. 307-347.

6 Antiwsar.com: Cómo la CIA desestabiliza el mundo. 19 de febrero de 2024. https://espanol.almayadeen.net/noticias/medios-internacionales/1822009/c%C3%B3mo-la-cia-desestabiliza-el-mundo

7 Renán Vega Cantor: «Prohibición de libros en el “país de la libertad”». 22 de mayo de 2024. https://www.lahaine.org/mundo.php/prohibicion-de-libros-en-el

8 Andrés Piqueras: «Una aproximación a las claves del poder sionista». 16 de junio de 2024 https://africando.org/ong/prensa-para-pensar/andres-piqueras-una-aproximacion-a-las-claves-del-poder-sionista-mundial-16-06-24/

9 Manuel Samaja: Lawfare y transnacionalización de la guerra. 30 de mayo de 2024 https://jacobinlat.com/2024/05/23/lawfare-y-transnacionalizacion-del-capital/

10 Luc Triangle: «Europa: líder mundial en la erosión de los derechos de los trabajadores y las trabajadoras». 17 de junio de 2023 https://www.cadtm.org/Europa-lider-mundial-en-la-erosion-de-los-derechos-de-las-trabajadoras-

11 Gil-Manuel Hernández Martín: «El capitalismo del colapso». 20 de abril de 2022 https://www.elsaltodiario.com/medioambiente/capitalismo-colapso

12 Andrea Rizzi: «Davos otea un horizonte turbulento entre las guerras y la disrupción de la IA» 15 de enero de 2024 https://elpais.com/economia/2024-01-15/davos-otea-un-horizonte-turbulento-entre-las-guerras-y-la-disrupcion-de-la-ia.html

13 Miguel Jiménez: «La economía de Estados Unidos crece a un ritmo menor en casi dos años». 27 de junio de 2024 https://elpais.com/economia/2024-06-27/la-economia-de-estados-unidos-crece-a-su-menor-ritmo-en-casi-dos-anos.html

14 Tricontinental: «¿Está llegando el fin del reinado del dólar?». Boletín Nº 25, 2024 https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-desdolarizacion-brics/?output=pdf

15 Diego Herranz: «La trampa de la deuda captura a EEUU, que acumula un billón de dólares cada 100 días». 26 de mayo de 2024 https://www.publico.es/internacional/trampa-deuda-captura-eeuu-acumula-billon-dolares-100-dias.htm

16 Héctor Meléndez: «Declive de Occidente: economía de servicios». 23 de mayo 2024 https://rebelion.org/declive-de-occidente-economia-de-servicio/

17 Juan Carlos Roig: «Casi 14.000 millones de euros extras en seis meses: Sigue la desenfrenada escalada militar del Consejo de Ministros». 29 de junio de 2024 https://www.grupotortuga.com/Casi-14-000-millones-de-euros

18 E. Marcuse: Dictadura plebiscitaria. 26 de mayo de 2024 https://elsudamericano.wordpress.com/2024/05/26/dictadura-plebiscitaria-por-herbert-marcuse/

19 Marx: «Carta a Engels del 25 de septiembre de 1857». Correspondencia. Edit. Cartago. Buenos Aires 1973, pp. 88-89.

20 Tom Metcalfe: «Soldados modernos ponen a prueba las armaduras de la Edad de Bronce: ¿resistieron?»23 de mayo de 2024 https://www.nationalgeographic.es/historia/2024/05/antigua-grecia-soldados-modernos-prueban-armaduras-edad-bronce-resistieron

21 Marx: «Carta a Engels, 7 de julio de 1866». Cartas sobre El Capital. Ediciones Bolsillo. Barcelona, 1974, p. 119

22 Ramón Espinosa Contreras: «La filosofía de la violencia en Hegel y Marx». 8 de diciembre de 2014 https://kmarx.wordpress.com/2014/12/08/la-filosofia-de-la-violencia-en-hegel-y-marx/

23 Gina Paola Rodríguez: «La violencia en la dialéctica opresión-liberación». Razón y Revolución. Nº 21, Buenos Aires, 2011 https://www.academia.edu/44102692/La_violencia_en_la_dial%C3%A9ctica_opresi%C3%B3n_liberaci%C3%B3nhttps://www.academia.edu/44102692/La_violencia_en_la_dial%C3%A9ctica_opresi%C3%B3n_liberaci%C3%B3n

24 W. H. McNeill: La búsqueda del poder. Tecnología, fuerzas armadas y sociedad desde el 1000 d. C.

Siglo XXI, Madrid 1988, pp. 247 y ss.

25 Daniel R. Headrick: El poder y el imperio. La tecnología y el imperialismo de 1400 a la actualidad. Crítica. Barcelona, 2011, pp. 241 y ss.

26 Lutz Raphael: Ley y orden. Dominación mediante la administración en el siglo XIX. Siglo XXI, Madrid 2008, pp. 123 y ss.

27 AA.VV.: Técnicas bélicas de la Época Colonial 1º776-1914. LIBSA, Madrid 2012, pp. 111 y ss.

28 Carlos Roca: Zulú. RBA, Barcelona 2006, p. 61.

29 Christopher Allmand: La guerra de los Cien Años. Crítica. Barcelona, 1990, pp. 186 y ss.

30 T. Derbent: Clausewitz y la guerra popular, y otros ensayos político-militares. Ediciones DosCuadrados. Madrid 2024, p. 86

31 Juan Carlos Losada: Los mitos militares en España. La Historia al servicio del poder. Biblioteca Nueva, Madrid 2005, pp. 218 y ss.

32 Carlos Arenas Posadas: Por el bien de la patria. Guerras y ejércitos en la construcción de España. Pasado & Presente, Barcelona 2019, pp. 111-134.

33 OBSADMIN: «El plan de la OTAN: Cómo y cuándo comenzaría un ataque masivo contra Rusia». 27 de junio de 2024 https://observatoriocrisis.com/2024/06/27/el-plan-de-la-otan-como-y-cuando-comenzara-ataque-masivo-contra-rusia/

34 Alfredo González Ruibal: Tierra arrasada. Crítica, Barcelona, 2023, pp. 337-379.

35 Mark Neocleous: Poder de la guerra. Poder policial. Katakrak Liburuak, Iruña, 2024, pp. 195 y ss.

36 Fernando Hernández Holgado: El pensamiento militarista. Catarata. Madrid, 2024, pp. 205 y ss.

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