ūüĖĻ Lenin y la dial√©ctica del poder

Texto base para la charla-debate con el colectivo Arboreá Andaluza realizado el pasado domingo día 21 de enero.

¬ęS√≥lo por la resistencia desafiante hemos ganado respeto y nos hemos transformado en una potencia. S√≥lo el poder es respetado, y √ļnicamente mientras seamos un poder seremos respetados por el filisteo. Quien haga concesiones no podr√° seguir siendo una potencia y ser√° despreciado por √©l. La mano de hierro puede hacerse sentir en un guante de terciopelo, pero debe hacerse sentir¬Ľ.

Engels: ¬ęCarta a Bebel del 18 de noviembre de 1884¬Ľ. Correspondencia, Edit. Cartago. Argentina 1973, pp. 345-346.

1. ¬ŅPor qu√© volver a Lenin y a la cuesti√≥n del poder? ¬ŅPor qu√© comenzamos esta r√°pida exposici√≥n, citando a Engels en un texto de 1884, hace 140 a√Īos, cuando estamos en 2024, un siglo despu√©s de la muerte de Ilich Ulianov? Tal y como est√° el mundo en esta tercera Gran Depresi√≥n iniciada en 2007, agudizada desde 2015 y llevada al extremo ‚Äďpor ahora- desde 2020, las clases y pueblos oprimidos somos cada vez m√°s conscientes de que necesitamos poder propio, capacidad de autodefensa frente al avasallador poder injusto del imperialismo sea yanqui o franco-espa√Īol; m√°s a√ļn, cada vez m√°s Estados d√©biles se al√≠an entre ellos a diversos niveles ‚Äďmultipolaridad, etc.–, para avanzar en otras relaciones mundiales enfrentadas o al menos diferentes a las dictadas por el imperialismo.

2. Por tanto, la cuesti√≥n del poder est√° en primer lugar a nivel internacional, pero tambi√©n, dial√©cticamente, dentro de cada Estado porque sus burgues√≠as endurecen los ataques a ¬ęsus¬Ľ clases explotadas y a las naciones que oprimen para salir lo menos mal posible de algunos de los efectos m√°s duros de la tercera Gran Depresi√≥n. Si superamos nuestra credulidad hacia la propaganda capitalista, veremos que la lucha de clases siquiera en sus formas salariales reformistas, sin contenido pol√≠tico radical, tienden a aumentar en los pa√≠ses imperialistas por efecto mismo de la crisis. Otra cosa es que tambi√©n crezca la derecha y extrema derecha, pero a esto volveremos m√°s adelante. Lo que nos interesa ahora es retomar la lecci√≥n hist√≥rica de que la mejor forma de ascender del sindicalismo reformista a la conciencia pol√≠tica es plantear directamente la cuesti√≥n del poder revolucionario en cualquier lucha reivindicativa, por peque√Īa que aparente ser.

3. Para las naciones trabajadoras oprimidas todo esto es decisivo, lo que nos lleva a bucear en las lecciones históricas basadas en la objetividad de la lucha de clases, al margen de la malinterpretación y tergiversación subjetiva. Y una de las lecciones vitales es la que Engels resume en la cita de arriba, siguiendo el criterio de que la dialéctica de la praxis es la base del marxismo en general y de la aportación que hizo Lenin en concreto. Por dialéctica de la praxis entendemos la interacción permanente entre crítica y autocrítica bajo las presiones objetivas de la unidad y lucha de contrarios que es la base del movimiento de lo real. La cuestión del poder está en el centro de esta dialéctica como veremos.

4. Visto esto, debemos contextualizar la cita de Engels: fue la respuesta a una pregunta sobre si la ilegalizada socialdemocracia alemana deb√≠a renunciar al derecho a la revoluci√≥n para ser as√≠ de nuevo legalizada a costa de renegar de su identidad, de rechazar el inalienable derecho/necesidad de la violencia revolucionaria, justa, para responder a la violencia injusta, reaccionaria. El Estado ve√≠a inquieto que la ilegalizaci√≥n no debilitaba a la socialdemocracia y pens√≥ que dividi√©ndola podr√≠a derrotarla: ofreci√≥ cambiar legalidad por arrepentimiento, con lo que esperaba que amplios sectores aceptar√≠an el cambio, rechazando para siempre la ¬ęviolencia¬Ľ y asumiendo la ¬ędemocracia¬Ľ para siempre. Lo que estaba por tanto en juego era el problema del poder en su contenido crudo y duro: ¬Ņse pod√≠a destruir el Estado sin violencia, s√≥lo desde el pacifismo parlamentarista?

5. La respuesta negativa de Engels sintetizaba toda la teoría marxista sobre el poder elaborada hasta entonces, aplicada a las condiciones de la lucha de clases en Alemania. Lenin la adecuó a la Rusia de entonces pero también a otra fase capitalista mundial, la del imperialismo. Veamos los puntos permanentes en la actualidad de esa cita:

5.1. Hay que imponer respeto, miedo, al opresor, sea el que sea, desde el patrón o marido que abusa de las trabajadoras en todos los sentidos, hasta el imperialismo en su conjunto pasando por el resto de la densa y ágil red de interrelaciones de explotación, opresión y dominación. En estas luchas individuales, cotidianas, sociales, proletarias y nacionales de liberación el objetivo elemental es crear primero un contra-poder en cada una de esas luchas que debiliten al opresor, y, a partir de ahí, impulsar el avance a situaciones de doble-poder como antesala a la destrucción del poder explotador y la instauración del poder liberador. Vemos que esta perspectiva supera en alcance y contenido al pobre tópico de los micropoderes, que teniendo parte de verdad es insuficiente desde la dialéctica del poder.

5.2. Pero desde y para esta concepci√≥n del poder liberador, el que sea, es imprescindible organizarse de forma adecuada: el patr√≥n, el marido, por ejemplo, han de saber que sus privilegios desaparecer√°n porque la explotada se ha organizado de tal modo que puede responderle y vencerle, y que va a hacerlo. De la organizaci√≥n a peque√Īa escala –asambleas de vecinos, estudiantes, consumidores, enfermos, migrantes‚Ķ–, hasta el partido comunista pasando por el bello arco√≠ris de la autoorganizaci√≥n del pueblo trabajador en organizaciones deportivas, culturales, informativas, sindicales, socioecol√≥gicas, etc., base de lo que debe llegar a ser el poder de los consejos, soviets y asambleas obreras y populares.

5.3. Sólo así, demostrando voluntad y decisión organizada para aplicar nuestra fuerza, seremos respetados, como primera conquista para impedir ataques más duros del opresor. Pero el respeto del opresor hacia el oprimido, que es la forma suave de llamar al temor y al miedo al oprimido, es sólo el momento defensivo que facilita la autoconfianza, la organización, el aprendizaje para luchas posteriores ofensivas sin las cuales nunca destruiremos el poder dominante y nunca instauraremos el de los y las dominadas.

5.4. Por tanto cualquier cesi√≥n, dejadez o claudicaci√≥n ser√° una muestra de indecisi√≥n, desconcierto, divisi√≥n y cobard√≠a nuestra que envalentonar√° al poder opresor, como ocurre en tantas y tantas huelgas obreras y a√ļn a mayor escala en muchos m√°s intentos previos de movilizaciones populares que son desactivados y derrotados antes de iniciar sus acciones. Aqu√≠ es fundamental el desarrollo de la conciencia pol√≠tica revolucionaria en todas y cada una de las resistencias por muy individuales o a muy peque√Īa escala que puedan ser. Por ejemplo, la lucha ecologista de un barrio popular contra una f√°brica, o la liberaci√≥n personal del opio consumista, etc., tienen contenido revolucionario cuando son guiadas hacia la toma del poder por el pueblo, requisito objetivo e imprescindible para frenar y recuperar el metabolismo socionatural. Tambi√©n es fundamental, por tanto, la conciencia de crear organizaciones para vencer en esas y en todas luchas particulares y singulares contra el poder capitalista, o sea, contra la propiedad burguesa.

5.5. Durante m√°s o menos tiempo, y dependiendo de las circunstancias, la mano de hierro del pueblo trabajador, la violencia justa, puede estar expectante y preventiva o intervenir con suavidad seg√ļn las necesidades; se trata de una ley social confirmada por siglos de lucha de clases y de pueblos, seg√ļn la cual hay que medir el momento, sitio y forma de pasar de la espera a la acci√≥n, de organizar y hacer la peque√Īa protesta vecinal o estudiantil, la huelga parcial o general, la guerra de guerrillas y/o la insurrecci√≥n revolucionaria. Pero hay dos formas de solucionar las dudas que esta ley social plantea: la reformista, seg√ļn la cual nunca hay que cruzar el umbral de la democracia burguesa, de su paz obediente y sumisa para no asustar el poder dominante y al electorado alienado; la revolucionaria, que como hemos dicho antes insiste en que toda reivindicaci√≥n debe organizarse y realizarse mirando a la acumulaci√≥n sin√©rgica de fuerzas para la destrucci√≥n del Estado del capital y la creaci√≥n simult√°nea del Estado socialista.

5.6. Pero tarde o temprano siempre llega el momento en el que se hace imprescindible que esa mano de hierro obrera golpee al opresor, pase de la defensiva a la ofensiva, y entonces se impone la línea reformista o la revolucionaria. También estamos ante una ley social, tendencial por la lógica de la lucha de clases, de modo que el resultado de la lucha se decide por la dialéctica entre la preparación, la realización y el azar. La incertidumbre consustancial a toda lucha extrema puede ser reducida en beneficio del proletariado en la medida en que este haya creado antes contrapoderes parciales, islas muy débiles de cierta libertad o de menos opresión en el enfurecido océano capitalista; y en la medida en que se haya podido avanzar de esos contrapoderes a una situación de doble poder que, por su misma naturaleza, dura muy poco tiempo ya que la burguesía lo aplasta cuanto antes siempre que puede, sobre todo busca abortarlo antes de que nazca.

6. Como se ve, la cita de Engels de 1884 es totalmente v√°lida en su esencia en 2024. Pero en sus formas externas debe ser enriquecida, tal como hizo Lenin desde sus primeros textos en los que destroza al ¬ęmarxismo legal¬Ľ, a la sociolog√≠a burguesa, pero tambi√©n disecciona lo bueno y lo malo del populismo, haciendo la primera denuncia de la opresi√≥n nacional. En 1902 public√≥ el ¬ŅQu√© Hacer?, brillante ejemplo de integraci√≥n en un todo de lo organizativo, propagand√≠stico, pol√≠tico, estrat√©gico, etc., internamente unidos por un hilo rojo que el reformismo odia a muerte: la dial√©ctica, m√©todo insustituible para el desarrollo del comunismo. Aqu√≠ solamente vamos a desarrollarla en su interioridad con el poder, ya que no podemos analizar otras expresiones como la inherente a la teor√≠a del derrumbe que se debati√≥ en aquellos a√Īos, por no hablar de la cr√≠tica del mecanicismo de la sociolog√≠a burguesa, etc. Entre 1902 y la revoluci√≥n de 1905, la cuesti√≥n del poder en Lenin empieza a mostrar signos de su grandeza posterior, mejorando en cada texto algo decisivo ya apuntado frecuentemente por Engels y por Marx: la inseparabilidad entre forma organizativa y estrategia para la toma del poder en aquellas condiciones.

7. Como sucede siempre, la irrupción de las clases y naciones oprimidas en la historia confirma y mejora ciertas teorías a la vez que contradice y hunde otras. Para nuestro tema, 1905 confirmó prácticas decisivas para enriquecer la teoría marxista del poder, prácticas que ya venían desarrollándose desde hacía tiempo pero que dieron un salto en Rusia por las especiales condiciones de este decrépito imperio; de entre ellas destacan la creatividad obrera y campesina mostrada en los soviets, la efectividad de la teoría leninista del partido tal y como estaba elaborada hasta entonces, la interacción de las diversas violencias justas, el debate sobre las etapas de la revolución, la administración popular de los espacios liberados, el papel de las naciones oprimidas, etc.

8. Vi√©ndolo en su conjunto, la revoluci√≥n de 1905 aport√≥ tres grandes lecciones para la mejora realizada hasta ese momento por Lenin de la teor√≠a marxista del poder: Una, √©ste ha de ser democr√°tico en un sentido cualitativo totalmente superior al burgu√©s, poder real del pueblo, consejista, sovi√©tico, asambleario, pero muy consciente de que esos logros no sirven de nada si no destruyen el Estado burgu√©s y crean el socialista. Dos, ello se logr√≥, a√ļn con sus limitaciones, gracias a la flexibilidad, adaptabilidad y preparaci√≥n de la teor√≠a leninista del partido en aquellos momentos, de modo que a pesar de los retrasos, no se tard√≥ mucho tiempo en conquistar la confianza pol√≠tica de las clases y naciones oprimidas organizadas en soviets que en un principio estaban dominadas por el reformismo.

9. Aun as√≠ la revoluci√≥n fue derrotada, lo que propici√≥ la tercera lecci√≥n autocr√≠tica en su sentido m√°s profundo y radical posible: la concepci√≥n del materialismo hist√≥rico y dial√©ctico, la formaci√≥n filos√≥fica del partido para conocer la unidad y lucha de contrarios que determina el antagonismo entre el poder burgu√©s y el poder proletario. Como en cada derrota grave, la moral de la militancia menos formada cay√≥ en picado, y por esa brecha entr√≥ a raudales la forma m√°s actual entonces del idealismo supuestamente ¬ęcient√≠fico¬Ľ con un contenido reformista mortal. La minor√≠a m√°s formada del partido, con Lenin a la cabeza, se lanz√≥ a una guerra intelectual de vida o muerte divulgando y debatiendo un librito tambi√©n odiado por los reformistas: Materialismo y empiriocriticismo, de 1908.

10. Nos resulta imposible resumir lo sustancial de esta obrita gigante en contenido, por lo que s√≥lo vamos a nombrar una de sus cualidades: es imposible saber qu√© es la pol√≠tica capitalista y en especial el poder intelectual reaccionario que le vertebra sin la lucha permanente entre materialismo e idealismo. Al ignorar la esencia reaccionaria, idealista, del poder intelectual burgu√©s, tal cual dominaba a principios del siglo XX, ignoramos una de las fuerzas irracionales que sustentan su dominaci√≥n, y por tanto que sustenta al Estado como forma pol√≠tico-militar del capital. Un ejemplo: el pragmatismo es una de las grandes subideolog√≠as del reformismo desde finales del siglo XIX, pues bien la cr√≠tica demoledora del librito al pragmatismo es hoy m√°s necesaria que en 1908 porque ahora, 116 a√Īos m√°s tarde y a pesar de las incontrovertibles lecciones hist√≥ricas, el pragmatismo sigue siendo una de las excusas ideol√≥gicas del reformismo, si no l√©anse las declaraciones al respecto de EH Bildu.

11. El desarrollo posterior de la lucha de clases y de la ciencia han dado la razón a esta obrita porque en ella se plantea crudamente el problema ontológico de la realidad, es decir qué es lo que existe, por qué existe y cómo incidir en su desarrollo. La dialéctica marxista es una ontología del capitalismo que razona por qué hay que destruir el Estado burgués creando el poder obrero. El idealismo, sobre todo sus formas más burdas, huye de este problema. Precisamente el debate sobre Materialismo y empiriocriticismo fue uno de los que aceleraron la escisión definitiva entre bolcheviques, mencheviques, centristas, etc., porque habían chocado dos ontologías contrarias sobre el capitalismo: la revolucionaria bolchevique y el reformista menchevique. La teoría leninista sobre la dialéctica del poder había dado así un paso de gigante gracias al estudio crítico de los efectos filosóficos de la derrota de 1905.

12. No fue casual que la escisi√≥n definitiva se produjera en 1912 cuando despuntaba una nueva oleada de luchas en Europa. La victoria reaccionaria de 1905 hab√≠a dado por muerto al marxismo, pero la vuelta al escenario p√ļblico de la lucha de clases, que nunca hab√≠a desaparecido del todo, activ√≥ las alarmas del poder que redobl√≥ sus ataques a la teor√≠a revolucionaria. Por esto, en 1913 Lenin public√≥ Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, en el que constataba que el capital odia al marxismo y en el que insist√≠a de nuevo en la necesidad del estudio de la dial√©ctica para entender por qu√© siempre resurge la lucha de clases a pesar de las apabullantes derrotas sufridas.

13. Adem√°s, en 1912-13 la cuesti√≥n de la dial√©ctica del poder estaba agudizada al rojo vivo en su forma parlamentaria por la fuerza electoral de la socialdemocracia alemana y por la agudizaci√≥n de las reivindicaciones de las naciones oprimidas; como por la reactivaci√≥n del debate sobre el ¬ęderrumbe¬Ľ del capitalismo que se hab√≠a iniciado a finales del siglo XIX, debate en el que la dial√©ctica del ¬ęfactor subjetivo¬Ľ es vital. Desde agosto de 1914 la dial√©ctica del poder en su forma absoluta –guerra imperialista contra guerra revolucionaria–, dar√≠a un salto cualitativo s√≥lo explicable seg√ļn la ley de la negaci√≥n de la negaci√≥n.

14. Por eso, en 1913 Lenin intensificó el estudio de la opresión nacional, cargada de subjetividad/objetividad, al comprender que sería una de las fuerzas decisivas para la revolución mundial, conclusión que se reforzaría con su estudio posterior del imperialismo. Volvemos así al siempre presente problema del poder elevado al máximo de importancia con el desarrollo del capital financiero en su fase imperialista. Las luchas de liberación anticolonial se transformaron en antiimperialistas, lo que unido a la lucha de clases al alza en el interior de Europa llevó a la IGM. Otra vez más, la agudización extrema de las contradicciones se expresó en forma de guerra atroz en medio de la sorpresa generalizada de la izquierda que se dividió y del reformismo que apoyó incondicionalmente al capital.

15. Con la IGM la cuesti√≥n del poder dio otro salto en importancia y solamente muy peque√Īos grupos de izquierda se mantuvieron firmes, destacando los bolcheviques porque su formaci√≥n te√≥rico-filos√≥fica les llev√≥ a plantear la √ļnica soluci√≥n v√°lida: transformar la guerra imperialista en guerra civil, es decir, aplicar la dial√©ctica del salto en calidad de una guerra a su antag√≥nica, de la imperialista a la revolucionaria. Para comprender el enorme potencial emancipador de esta consigna hab√≠a que dominar la filosof√≠a marxista y su dial√©ctica, que explican por qu√© existen dos poderes antag√≥nicos unidos por una lucha permanente entre ellos. Los bolcheviques fueron los que mejor lo entendieron y esa fue una de las razones de la victoria de la revoluci√≥n de Octubre.

16. Esta consigna fue expresada en 1915 en el texto El socialismo y la guerra, elaborado en el per√≠odo de intenso estudio de la realidad nueva puesta al descubierto por la IGM. Desde mediados de 1916 la lucha de clases avanza con extremas dificultades en medio de la guerra imperialista. Adem√°s de las huelgas obreras y otras formas de protesta popular, las ¬ęhuelgas militares¬Ľ aparecieron con quejas, desobediencias y hasta motines, pero sin llegar a√ļn a insurrecciones: eran inexpertos contrapoderes fugaces y d√©biles a los que les faltaba experiencia para llegar a ser consejos y soviets. La visi√≥n mecanicista y lineal del electoralismo socialdem√≥crata, pragm√°tico, neokantiano y antidial√©ctico, era una de las principales responsables de este retraso, responsabilidad reforzada por su apoyo total a la guerra imperialista con lo que legitimaba y reforzaba la represi√≥n de esas luchas.

17. Así, como se vería en pocos meses cuando las clases y pueblos explotados por el zarismo se pongan en pie desde finales de 1916, la dialéctica del desarrollo desigual y combinado inherente al proceso revolucionario estaba menos avanzada en Occidente porque, además, también pesaba mucho la inexistencia de partidos como el bolchevique, con efectos catastróficos por las derrotas sangrientas que ello originó. En este contexto, en 1914-18 Lenin estudió rigurosamente al menos siete grandes temas: El derecho de las naciones a la autodeterminación, El socialismo y la guerra, El imperialismo fase superior del capitalismo, El Estado y la revolución, Cuadernos filosóficos, Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado, y La revolución proletaria y el renegado Kautsky, sin citar infinidad de notas, artículos y borradores.

18. La dial√©ctica del poder cimenta la totalidad de esta excelsa obra cuyo punto de b√≥veda y piedra basal son los decretos dictados en los primeros d√≠as de la revoluci√≥n de Octubre. En ellos se materializan siglos y siglos de aspiraciones de la humanidad explotada desde que se impuso por el terror y la violencia injusta la propiedad privada, por tanto desde que la dial√©ctica del poder irrumpi√≥ en la historia social. El valor de las utop√≠as rojas aparece aqu√≠ con su fuerza contradictoria, y a la vez la esencia reaccionaria en √ļltima instancia del reformismo que, en los momentos cr√≠ticos, defiende la propiedad privada activando los mitos idealistas y obedientes de las utop√≠as conservadoras. El reformismo presiona siempre para que las clases explotadas no den el salto del socialismo ut√≥pico al comunismo ut√≥pico y de aqu√≠ al comunismo marxista. La feroz y valios√≠sima cr√≠tica de Lenin a Kautsky en 1918 lo confirma de forma absoluta.

19. Precisamente en estos momentos, la praxis bolchevique del poder se enfrent√≥ a una de sus pruebas m√°s dif√≠ciles con el surgimiento de la burocracia dentro del partido, del Estado y de restantes sistemas de poder, siendo Lenin uno de los primeros que la critic√≥ abiertamente al afirmar que exist√≠a ¬ęun Estado obrero burocr√°ticamente degenerado¬Ľ y al preguntar sobre quienes mandaban realmente, los obreros y campesinos comunistas o los bur√≥cratas advenedizos. Debemos partir de las destrucciones causadas por la guerra desde 1914 en un imperio d√©bil, agravada por la salvaje agresi√≥n entre 1918-1923, por el hundimiento de la industria y la muerte de decenas de miles de comunistas en los campos de batalla, por el empeoramiento dram√°tico de las condiciones de vida especialmente en el invierno de 1920-21, con sublevaciones reaccionarias de campesinos en medio de la invasi√≥n imperialista, la aparici√≥n del bandolerismo en favor del zar, etc., culminando en la insurrecci√≥n de Kronstadt de marzo de 1921, magnificada y tergiversada por todas las fuerzas antibolcheviques.

20. El bolchevismo sab√≠a que la muy atrasada URSS apenas podr√≠a sobrevivir solo por s√≠ misma, sin la ayuda del proletariado internacional. Para evitar ese riesgo casi mortal, brindaron desde el primer d√≠a la ayuda internacionalista posible, destacando el a√Īo 1919 en el enriquecimiento de la teor√≠a del poder con la creaci√≥n de la Internacional Comunista y con las relaciones sostenidas con los consejos y soviets que florecieron en muchos Estados europeos corriendo la misma suerte atroz que la sufrida por la Comuna de Par√≠s de 1871. De entre la impresionante obra te√≥rica sobre la pr√°ctica del poder socialista, debemos estudiar con absoluta dedicaci√≥n el Saludo a la Rep√ļblica de los Consejos de Baviera de abril de 1919, obrita que enriquece a El Estado y la revoluci√≥n de verano de 1917 gracias a lo aprendido en esos casi dos a√Īos.

21. La URSS sobrevivió en estas condiciones extremas por dos razones fundamentales: por el giro a la Nueva Política Económica en ese 1921 para salir de la pobreza y del hambre, sabiendo los riesgos altos de recuperación de la burguesía que ello conllevaba al readmitir formas económicas capitalistas; y el gran apoyo de masas que el bolchevismo tenía a pesar de la terrible situación, sobre todo en la alianza obrero-campesina que era estratégica para la revolución. Ambas razones tenían mucho que ver con el concepto leninista de hegemonía socialista, muy superior en todo al gramsciano y desde luego al eurocomunista y otros reformismos en boga. La hegemonía leninista se basaba en la ágil interacción entre la democracia soviética en sus muchas expresiones de base, y el actuar del Estado y del Ejército Rojo, de los sindicatos, y en especial el reforzamiento de los soviets campesinos en la dirección del poder soviético. etc., a pesar del cáncer burocrático y del agotamiento que hemos descrito arriba.

22. Lenin era muy consciente de los peligros internos que facilitaban la vuelta del capitalismo. Dec√≠a que ¬ęla revoluci√≥n ense√Īa¬Ľ insistiendo en el papel crucial que ten√≠a para el bolchevismo la formaci√≥n te√≥rico-filos√≥fica marxista, en concreto la esencia materialista y dial√©ctica del conocimiento porque solo ella m√°s la democracia sovi√©tica pod√≠an garantizar el avance al socialismo, como lo argument√≥ en El significado del materialismo militante de 1922. De este modo y en condiciones m√°s extremas actualizaba parte del debate iniciado en 1908 sobre materialismo versus idealismo: si entonces se buscaba formar a la militancia para destruir el poder capitalista, ahora se formaba a la militancia para fortalecer y perfeccionar el poder socialista.

23. Esta obra de 1922 se inscribe con m√©rito propio en la dial√©ctica del poder en su esencia liberadora, porque muestra la necesidad absoluta en al menos tres cuestiones: Una, estudiar la dial√©ctica, incluida la hegeliana, dentro del sistema educativo sovi√©tico; Dos, la emancipaci√≥n total de la mujer trabajadora muy especialmente la campesina, como demuestra Lenin al referirse al cosmos de derecho/necesidad/libertad de la mujer abierto por la revoluci√≥n, algo nunca logrado ni querido hasta entonces por ninguna burgues√≠a ¬ędemocr√°tica¬Ľ. Y tres, avanzar en la ¬ęrevoluci√≥n cultural¬Ľ inserta como puntal profundo en la revoluci√≥n socialista. Hay que admitir la actualidad de estas cuestiones para entender la complejidad de las luchas con el poder capitalista en la actualidad.

24. Lenin muri√≥ el 21 de enero de 1924. A pesar de su primer ataque cerebral en mayo de 1922 solo dos meses despu√©s de su conferencia Sobre el significado del materialismo militante, su creatividad intelectual se mantuvo intacta bastante tiempo, como m√≠nimo hasta octubre de 1923, cuando empez√≥ a declinar hasta el r√°pido declive en ese diciembre. Fueron estas las condiciones en las que libr√≥ lo que se ha denominado el ¬ę√ļltimo combate¬Ľ de su vida, y lo que a√Īade m√°s grandeza a su vida, dedicada a mejorar la dial√©ctica del poder liberador que deb√≠a integrar la lucha para resolver la totalidad de las necesidades, acabando con las opresiones, explotaciones e injusticias.

25. Nos hemos referido arriba a la ontología de Lenin, y ahora vemos las ventajas de esta visión materialista de la realidad con sus contradicciones objetivas: nada quedaba fuera del proyecto socialista. El materialismo dialéctico, la cultura científico-crítica, era asumida como vital para reforzar el resto de medidas destinadas a salvar la revolución, básicamente reforzar la presencia de comunistas en los aparatos de poder, acabar con la burocracia, fortalecer la planificación socioeconómica de la industria pesada y de sus relaciones con el campesinado, reforzar el papel de las cooperativas, asegurar los derechos de las naciones no rusas, desarrollar la pedagogía socialista, acabar con el derecho burgués y crear el derecho socialista…

26. Parafraseando a Lenin: el poder lo es todo, el resto es ilusi√≥n. Parece una frase dura e inaceptable desde el humanismo burgu√©s y desde sus derechos abstractos, pero es de una crudeza tan objetiva para las clases explotadas que llega a hacerse insoportable: basta ver el retroceso en varios a√Īos en la media de vida en Rusia, sobre todo para la mujer trabajadora, tras la implosi√≥n de la URSS, la vuelta del capitalismo y la p√©rdida del poder anterior que lo garantizaba. Es una verdad objetiva, en el sentido materialista del t√©rmino, que las pol√≠ticas de ¬ęausteridad¬Ľ da√Īan la salud obrera en todos los sentidos. Para sostener ese ataque a lo elemental ‚Äďla salud– la burgues√≠a recurre a los poderes de su Estado y al apoyo reformista que tiene el objetivo central de mantener la ilusi√≥n de las y los oprimidos de que podr√°n resolver sus problemas aun sin poder propio alguno, √ļnicamente por los m√©todos permitidos por la burgues√≠a.

27. Vemos c√≥mo la dial√©ctica del poder de Lenin integra la totalidad de problemas que conciernen a la lucha de clases. No puede ser de otro modo. El m√©todo dial√©ctico act√ļa siempre en el interior de la lucha de contrarios de la totalidad concreta de la que se trate, en este caso el antagonismo entre el poder burgu√©s y el poder proletario. La ilusi√≥n en la bondad de la dictadura del capital es una parte del todo reaccionario al que combate la dial√©ctica. Existen dos grandes formas de ilusi√≥n: la cr√©dula e idealista que carece de toda base de objetividad, de probabilidad y posibilidad, como creer ilusamente en la bondad del capital y en el pacifismo; y la ilusi√≥n cr√≠tica y materialista basada en el estudio objetivo de la lucha de contrarios, y de las necesidades, posibilidades y probabilidades de victoria que surgen del estudio. Es la ilusi√≥n cr√≠tica y autocr√≠tica que Lenin expone en el ¬ŅQu√© Hacer? cuando dice que ¬ę¬°¬°Hay que so√Īar!!¬Ľ.

28. Si Lenin dice en 1902 que hay que so√Īar, en los Cuadernos filos√≥ficos sostiene que la praxis humana crea la realidad hundiendo as√≠ la tramposa cr√≠tica a la teor√≠a del conocimiento como supuesto reflejo autom√°tico y fiel de lo objetivo, y por √ļltimo, como hemos dicho, insiste que la revoluci√≥n ense√Īa. Las primeras acepciones de la palabra dial√©ctica en lengua griega antigua hacen referencia al proceso de optar por la libertad en un momento cr√≠tico, de decidir pasar a la lucha para evitar la esclavizaci√≥n o la muerte, que coincide perfectamente con la idea marxista y de Lenin, en cuya extensa obra abunda el llamado a la coherencia autocr√≠tica e ilusionada entre pensamiento y pr√°ctica. La acci√≥n, la lucha en el caso de la Grecia Antigua y de toda la historia de la opresi√≥n, crea la nueva realidad al conquistar nuevos espacios de libertad.

29. Todas las formas de dogmatismo, indiferencia e ilusa credulidad reformista niegan la dial√©ctica del poder y en especial la necesidad objetiva que de ella se desprende de llegar a su momento decisorio: la violencia justa contra, por ejemplo, los cr√≠menes de la explotaci√≥n, del militarismo imperialista y del fascismo. La historia muestra que estas formas, y su contenido de pasividad, nunca han detenido el avance del fascismo y nunca lo han derrotado. La dial√©ctica del poder muestra, adem√°s, que hay que preparar con antelaci√≥n, con victorias parciales previas, el momento cr√≠tico del enfrentamiento decisivo: las victorias previas, aun siendo peque√Īas, refuerzan la autoconfianza porque aportan lecciones y exigen autocr√≠tica de los errores, lo que incrementa la ilusi√≥n esperanzada en la victoria: hablamos de la teor√≠a marxista del conocimiento.

30. Llegados a este punto, debemos volver al inicio para actualizar las mejoras en la dial√©ctica del poder que fueron realizando los bolcheviques al marxismo tal cual exist√≠a a finales del siglo XIX, sintetizadas en la cita de Engels de 1884 que hemos ofrecido al inicio, que sigue siendo esencial y permanente porque sigue existiendo explotaci√≥n social. La dial√©ctica muestra por qu√© permanece lo esencial de un problema aunque sus formas externas cambien: porque el aumento cuantitativo de los cambios no ha producido a√ļn un salto en cualidad en el problema, no ha transformado su esencia anterior por una nueva. Hoy las leyes y contradicciones del modo de producci√≥n capitalistas son las mismas que en 1884 pero m√°s agravadas e interrelacionadas que entonces porque, dicho b√°sicamente, la v√≠bora capitalista ha mudado al menos cinco veces de piel, lo que ha hecho que su veneno sea m√°s letal y asesino que entonces:

31. Una, el paso de la fase colonial a la fase imperialista entre los siglos XIX y XX, con el desarrollo de poderes burgueses nuevos, entre ellos la militarización como se vio desde la IGM y la nuclearización desde 1945. Dos, la creciente autonomía de la financierización sobre el proceso de producción de valor, proceso ya anunciado en Engels en 1894 que ha seguido avanzando imparablemente. Tres, las nuevas estrategias anticomunistas y pro-imperialistas desde 1917, estudiadas al detalle por el bolchevismo y por la Internacional Comunista. Cuatro, la hecatombe socioecológica que se avecina, el empeoramiento de la salud y las hambrunas, algo que ya preocupaba al marxismo desde siempre y que se ha confirmado. Y cinco, junto a la militarización, autoritarismo y fascismo al alza, también se han desarrollado otras formas de dominación basadas en el consumismo, la guerra cultural, las falsas libertades, la alienación y el fetichismo, etc. y que hoy son mucho más variadas que entonces.

32. Las categor√≠as de contenido y continente, esencia y fen√≥meno, etc., en lo relacionado con el antagonismo entre el poder burgu√©s y el proletario, nos explican que lo decisivo es acabar con el contenido, con la esencia, con la propiedad privada en cualquiera de sus continentes, de sus formas. Sabemos que hay una interacci√≥n permanente entre causa y efecto, de modo que la forma tambi√©n incide en el contenido, lo que nos obliga a extremar el estudio concreto de cada forma del poder para descubrir su debilidad espec√≠fica y destruirlo, pero siempre teniendo en cuenta la totalidad capitalista. Las modas reformistas sostienen que no existe una totalidad estructurante –el capital– que une de modo objetivo ‚Äďel mantenimiento de la propiedad privada– a esas luchas aunque no sean conscientes de ello; tambi√©n niegan la dial√©ctica de la concatenaci√≥n universal, operativa en este caso en el aparente aislamiento absoluto de las luchas y sus objetivos, lo que refuerza al capital; adem√°s niegan que pueda haber un salto revolucionario de la opresi√≥n a la libertad, en todo caso una mejora cuantitativa que suavice la explotaci√≥n.

33. La antidial√©ctica del reformismo se plasm√≥ en el auge del neokantismo, en la demagogia postmoderna y en otras divagaciones destrozadas por la objetividad de las contradicciones del capital, inocultables desde al menos la crisis financiera de 2001, anuncio de la de 2007-08 que a su vez gener√≥ la brutalidad imperialista desde 2011 hasta ahora. Los micropoderes foucaultianos; la multidiversidad de los movimientos; el ¬ęimperio¬Ľ y la ¬ęmultitud¬Ľ negrista; el no posicionarse frente a las atrocidades del capital –ni-nismo– con la excusa del pacifismo absoluto de los DDHH burgueses; la ¬ęalternativa verde eco-pacifista¬Ľ; el renunciar al concepto-fuerte de socialismo para difuminarse en el et√©reo ¬ępost-capitalismo¬Ľ; el concepto reaccionario de ¬ępolicrisis¬Ľ antag√≥nico con la dial√©ctica marxista basada en la contradicci√≥n inconciliable entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de propiedad capitalista; la reactivaci√≥n del pragmatismo –fij√©monos en EH Bildu–, y del posibilismo, etc√©tera, nos conducen en directo al rechazo frontal y expl√≠cito de la ley de la negaci√≥n de la negaci√≥n.

34. La ofensiva reformista y reaccionaria contra la dial√©ctica en su conjunto y en especial contra la del poder, nos plantea la vigencia de lo que los bolcheviques llamaron ¬ęrevoluci√≥n cultural¬Ľ que integraba la emancipaci√≥n sexo-afectiva, familiar, de una pol√≠tica del deseo/necesidad, etc., desarrollando en sus condiciones las ideas al respecto que ya aparec√≠an en el marxismo anterior. Pero los bolcheviques eran conscientes que para ello necesitaban el poder obrero basado en la democracia sovi√©tica y protegido por el pueblo en armas, como salto cualitativo sin el cual era imposible desarrollar todo el potencial de pedagog√≠a socialista inserto en el materialismo dial√©ctico e hist√≥rico. Ahora bien, ello no impide sino que exige que la formaci√≥n te√≥rico-filos√≥fica de la militancia y de cada vez m√°s franjas oprimidas, se inicie cuanto antes, nada m√°s comenzar sus pinitos en la vida sociopol√≠tica.

35. Por esto es fundamental que la izquierda tambi√©n luche por una pedagog√≠a socialista enfrent√°ndose a su sistema alienador llamado ¬ęeducaci√≥n¬Ľ. Para vencer a medio plazo el cosmos de irracionalidad religiosa, patriarcal, racista, fascista‚Ķ la izquierda debe reiniciar la lucha pedag√≥gica en el sentido de los objetivos bolcheviques arriba vistos, y de las ricas experiencias anteriores reprimidas, olvidadas o desprestigiadas por el reformismo. Tal lucha global, estructurada alrededor de la conquista de la propiedad socialista de los medios de producci√≥n como objetivo universal, debe concretarse en lo particular y singular de cada reivindicaci√≥n.

36. La dialéctica del poder nos lleva así a la necesidad de, uno, aplicar contra el capitalismo actual la estrategia actualizada del contrapoder o de la hegemonía obrera y campesina, que viene a ser lo mismo en este texto, elaborada en fases desde mediados del siglo XIX. Sabemos que siempre será muy limitada e incompleta, débil y cercada, y aniquilable por la represión burguesa; dos: toda reivindicación ha de autoorganizarse como contrapoder efectivo para atemorizar y vencer o neutralizar al opresor de turno; tres, esa lucha debe inscribirse en la lucha universal por el socialismo; cuatro, por tanto, ha de prepararse para lo peor y/o para lo mejor: la represión y la revolución; y cinco, educar siempre y en todo momento en que es imprescindible destruir el poder del capital e instaurar el poder del proletariado.

I√Īaki Gil de San Vicente
Euskal Herria, 16 de enero de 2024

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