Ecología y feminismo en Euskadi

Ponencia para el debate organizado por EGUZKI sobre Movimientos sociales, Feminismo y Ecología en la primavera de 1991.

Los encuentros que estamos realizando sobre la compleja y vital interrelación entre ecología y feminismo, que requieren con anterioridad el haber definido siquiera brevemente lo que entendemos por uno y otro, tienen gran importancia teórica y práctica para Euskadi.

Lo primero, por cuanto la ecología y el feminismo suponen en la actualidad dos imprescindibles puntos referenciales, centradores y críticos para cualquier proyecto serio de avance en la comprensión de la realidad del planeta y de nuestra nación.

Lo segundo, en la práctica, debido a que la crisis del ecosistema vasco es terrible y, a la vez, afecta en especial a la mayoría poblacional en el aspecto cuantitativo y también en el cualitativo, es decir, a las mujeres.

Nos incita, pues, a este debate ese doble motivo que es uno: la mejor comprensión de lo que ocurre y de los medios adecuados para avanzar en la emancipación global de nuestro pueblo.

1. ¿Qué son la ecología y el feminismo?

Sin mayores profundidades entendemos por ecología el conjunto de técnicas y métodos científicos que sirven para y tienen el objeto triple de:

  1. comprender las regularidades de la evolución de la vida y de los equilibrios entre sus partes;
  2. conocer los factores que deterioran la evolución y sus equilibrios, causando consecuencias nefastas y
  3. aplicar las soluciones necesarias tendentes a la recuperación de dichas regularidades.

Con la experiencia, el triple objetivo ha asentado criterios básicos:

  1. La Tierra es una totalidad finita, una unidad en sí misma, con recursos acabables y no-eternos, dependiendo de la energía solar en última instancia.
  2. La Tierra está en permanente cambio, mutación y transformación interna que a veces es causada por factores externos, del espacio cósmico al cual la Tierra pertenece.
  3. Los cambios incesantes son lentos y a escala temporal diferente del tiempo-burgués, así como unidos a períodos de estabilidad compleja y de inestables equilibrios entre las diversas partes de la Tierra.
  4. Existe una inevitable y objetiva interdependencia e intercomunicación a escala terráquea de todos y cada uno de esos imperceptibles cambios, de modo que a la larga todo queda afectado por todo, existiendo también mecanismos compensatorios y correctores dentro mismo de la unidad terrestre.
  5. Esos mecanismos son tanto más perfectos y efectivos cuanto mayor es la abundancia, variedad e interpenetración de ecosistemas, especies y formas de vida.
  6. La riqueza de la totalidad en evolución viene dada por la síntesis de la mutación, la selección y la adaptación, de manera que el empobrecimiento y la disminución de partes del todo suponen la merma de la totalidad.
  7. El crecimiento de la especie humana conlleva la aparición de factores que rompen las regularidades vistas, causando efectos a corto plazo que crecen con el tiempo, desequilibrando la reproducción de la vida en su generalidad.
  8. El largo y lento tiempo necesario para la aparición de la vida es súbitamente destruido por la intensa y rápida agresión humana, agresión multiplicada por la lógica capitalista de desarrollo.
  9. El sumun de tal agresión aparece con la energía nuclear, las biotecnologías y la masiva destrucción de los componentes fundamentales de la vida en el planeta como son las masas arbóreas, las reservas genéticas, la oxigenación de las aguas, la acidificación de las tierras, la polución atmosférica, etc y, último,
  10. La experiencia de los pueblos confirma que para detener este proceso de muerte social de la Tierra hace falta la toma de una serie de medidas globales, entre las que hay que introducir la liberación social y la democratización del poder.

Por todos estos argumentos, la ecología es una crítica radical al sistema dominante en los siguientes puntos:

  1. Cuestiona la relación actual de la especie con la naturaleza, ya que no la opone a ella, sino que busca su reintegración.
  2. Cuestiona, por tanto, los códigos de relación, de uso y de mercantilización de la naturaleza, es decir, de desarrollo y crecimiento.
  3. Por lo que exige un nuevo criterio de necesidad y de producción, es decir, de calidad y sentido de vida.
  4. Por ello niega el orden dominante en sus aspectos decisivos como la propiedad privada, el criterio de máximo beneficio a corto plazo, la división internacional del trabajo, etc.
  5. Exige que se introduzcan valores y escalas de medición/planificación adecuadas a lo dicho arriba, lo que supone cambiar cualitativamente el método de racionalización existente.
  6. Tales cambios suponen, pues, una nueva manera global de ver la Tierra inaceptable por el sistema pese a los intentos del «capitalismo verde».

El feminismo, también expuesto muy brevemente, es el conjunto de críticas teóricas y reivindicaciones prácticas que tienen la doble finalidad de, por un lado, acabar con la opresión histórica de la mujer por el hombre y, por otra, replantear la definición de sexo-género.

Sustentando este esfuerzo todo un conjunto de estudios antropológicos, históricos, filosóficos, económicos, etc, que demuestran que:

  1. la opresión de la mujer es anterior a la opresión de clase.
  2. que esa opresión ha ido unida a la formación misógina y patriarcal de la cultura, del saber y de las normas dominantes y
  3. que la superación de la profunda opresión requiere de un prolongado período que va más allá de las reformas político-económicas.

Sin entrar ahora en los diferentes feminismos, sintetizaremos los puntos de acuerdo que, grosso modo, parten de las tres bases anteriores:

  1. La opresión de la mujer es una realidad global, que abarca a intereses materiales, afectivos, sexuales y simbólicos.
  2. Cada sociedad ha concretado de diversos modos los mecanismos de opresión de la mujer, justificándola en cada momento.
  3. Esos modos han condicionado no solo la cultura, la religión y el saber de cada época, sino también los mismos sentimientos, afectos y relaciones sexuales e interpersonales.
  4. A la vez, la explotación sexual ha ido unida a la económica según los requerimientos de las necesidades de los hombres y de las clases dominantes.
  5. Existe una identificación entre hombre, clase, poder y Estado que se extiende dentro mismo del lenguaje y de la estructura psíquica de masas.
  6. Identidad que es creada socialmente desde la primera edad, reforzada posteriormente por la educación y mantenida durante la vida con toda clase de instrumentos.
  7. La construcción social del sexo-género es así uno de los objetivos de todo poder, con los roles, tópicos y estereotipos adecuados a las necesidades de los opresores.
  8. Según varíen, estas cambian o se adecuan los roles, se crean otros o se reavivan tópicos anteriores, como se demuestra en los momentos de crisis, de guerra, de cambio en la tasa de natalidad, etc.
  9. Pero la participación de las mujeres ha sido decisiva en todas las luchas de los hombres oprimidos nacional o socialmente, a la vez que se constata la existencia de resistencias invisibles, difusas y sordas por parte de la mujer a lo largo del tiempo.
  10. También se constata que todas las revoluciones retroceden con el tiempo en los derechos de la mujer, si bien son avances innegables que muchas veces dejan ciertas conquistas.

El feminismo cuestiona radicalmente los aspectos siguientes:

  1. el mito de la superioridad lógico-natural de lo masculino.
  2. todos los instrumentos de poder y su reproducción.
  3. todos los mecanismos de representatividad y delegación, así como sus legitimidades.
  4. toda la división racista y eurocéntrica.

Como vemos, la ecología y el feminismo aportan datos, tesis y experiencias demostradas e hipótesis y proyectos de avance y crítica a lo existente que deben ser integradas. Hoy resulta imposible comprender lo que ocurre a cualquier escala de la vida individual y colectiva sin el recurso al feminismo y a la ecología.

2. ¿Qué relaciones existen entre ellos?

Tanto la ecología como el feminismo tienen sus raíces teóricas en la emergencia de críticas del s. XIX. Pero no será hasta la década de los sesenta del XX cuando cojan fuerza e implantación. Durante esos años uno y otro se fueron acercando progresivamente en cuestiones comunes. Los primeros intentos de síntesis teórica se hicieron a comienzos de los setenta y la palabra ecofeminismo surge en 1974. Mas no se trata de un proceso expansivo desde un centro, sino de una múltiple germinación de las mismas ideas esenciales en diversos lugares del planeta. Y se confirma que responde a inquietudes colectivas, reflejo de problemas de fondo de la sociedad al margen de su país o Estado.

Vamos a proceder mediante tres pasos sucesivos. El primero nos llevará a descubrir lo que supone la ecología para la mujer. El segundo, lo que supone el feminismo para la ecología y el tercero, su mutua complementariedad.

La crítica ecológica tiene unas muy precisas connotaciones de liberación de la mujer:

  1. En las sociedades basadas en la opresión de sexo y de clase el problema de la reproducción de la especie ha ido unido a dos realidades que son, una, la búsqueda de un excedente poblacional de mano de obra y, otra, la sobreexplotación de la mujer en el hogar; ambas realidades han impactado sobre el ecosistema.
  2. En estas sociedades, la mujer ha tenido y tiene que desempeñar los trabajos más duros y peor remunerados, dependiendo de la situación socioeconómica y del poder patriarcal para mejorar o retroceder; las relaciones con el ecosistema han influenciado en esas condiciones.
  3. Por tanto, la delimitación simbólica de la mujer también ha estado condicionada por el uso de ese cuerpo por el patriarcado según y para las relaciones con el ecosistema.
  4. La mujer ha sido y es la más directamente agredida y la que padece más duramente las sucesivas crisis ecológicas habidas en la historia humana.
  5. En el capitalismo, sea en casa o en el exterior, la mujer también padece las peores condiciones y las fluctuaciones bruscas en los equilibrios ecológicos.
  6. La agresión ecológica a la mujer se acrecienta sobremanera con el uso y dirección de las nuevas biotecnologías reproductivas por parte de pocas empresas transnacionales capitalistas.
  7. El empeoramiento acelerado de las condiciones del planeta como consecuencia de la crisis global que afecta al Sistema, que también es crisis ecológica, ataca especialmente a la mujer en todos sus aspectos, llegándose a lo trágico en el mal llamado Tercer y Cuarto Mundo.

La crítica feminista aporta a la ecología lo siguiente:

  1. La feminización de la naturaleza por el patriarcalismo da una idea exacta del nivel de integración opresiva alcanzado.
  2. La feminización de la naturaleza justifica en lo más profundo de la psique individual y colectiva del macho su trato agresivo, dominante y explotador hacia el ecosistema y hacia la mujer.
  3. La biologización de la mujer y la negación de la socialidad del sexo-género refuerzan este proceso por cuanto eternizan los mecanismos opresivos sexo-reproductores a la vez que dan una pátina de falsa cientificidad a esa opresión.
  4. De aquí que todo el saber dominante y la noción de desarrollo social estén impregnadas de los códigos penocéntricos y falocráticos, con terribles efectos destructores sobre el ecosistema en su totalidad.
  5. Por consiguiente, se trata no solo de un cambio de paradigma en la reorientación del modelo social, sino de un cambio de ontología en la definición y aprehensión praxística de lo que es la Tierra, lo objetivo y nuestra especie.

Entre la ecología y el feminismo se establecen, pues, unas muy estrechas relaciones prácticas y teóricas:

  1. ª) Ya que atacan a cimientos básicos del orden reinante, sus prácticas confluyen en cuestiones también básicas como la crítica de la noción de «progreso», «necesidad», etc, con especial incidencia en temas tabúes como «cuerpo», «placer», «tiempo», «creatividad», etc.
  2. ª) Ya que su práctica se sustenta en nociones específicas, sus sistemas autoorganizativos tienden a superar en lo posible los clásicos instrumentos delegacionistas y burocráticos en los que están sobrerrepresentados los hombres.
  3. ª) A la vez, buscan maneras de movilización y audiencia nuevas, más directamente relacionadas con esas problemáticas y que no dependan de los aparatos políticos existentes.
  4. ª) Del mismo modo, reivindican derechos y necesidades que apenas tienen cabida en la política tradicional, lo que les lleva a alianzas con sectores sociales nuevos y a construir plataformas originales.
  5. ª) Lo relacionado con la situación de la mujer y de su campo impuesto –familia, educación, alimentación, sanidad, espacios libres, sexualidad, cualidad de vida, etc– es uno de los aspectos más tocados.
  6. ª) Otro es lo relacionado con la violencia opresiva, la paz, el complejo industrial-militar, la derivación de la ciencia hacia la guerra y las nuevas tecnologías de la muerte y de la vida, la alimentación y la solidaridad internacionalista, etc.
  7. ª) Otro es la crítica de los modelos reales de crecimiento y de explotación del medioambiente y de los recursos del planeta desde las concepciones alternativas arriba vistas.

No podemos entrar aquí en un estudio de las diversas líneas y limitaciones, de las fases y momentos de auge y estancamiento, de los acuerdos y pactos político-electorales con partidos e instituciones clásicas, de las posturas ante revoluciones y prácticas de violencia defensiva de los oprimidos, etc. Sólo podemos decir que el panorama es lo suficientemente complejo como para reducirlo a cuatro generalidades.

3. ¿Qué sucede en Euskadi al respecto?

La experiencia vasca posee peculiaridades causadas por el proceso de surgimiento de la crisis ecológica y de aparición de la conciencia feminista. No se puede olvidar la permanente existencia de una ocupación militar del Estado español en Euskadi sur, así como de la represión durante años y, por último, una larga y feroz dictadura de casi medio siglo a la que sigue un período constitucional cargado de conflictos y prohibiciones de derechos fundamentales. Todo ello, unido a la forma de expansión del capitalismo, explica la situación actual, incomprensible al margen de la opresión nacional.
La conciencia y los movimientos ecologistas aparecen bajo el franquismo y con anterioridad al feminismo, si bien con nombre no abiertamente ecologista. En los barrios, en los sindicatos clandestinos, etc, bajo el franquismo, existen luchas que hoy entran normalmente dentro de la ecología. Incluso en un sector del aranismo está presente una reivindicación de la tierra que pese a su expresión romántica, tiene valores ciertos por cuanto pretende resistir a los efectos del expansionismo capitalista. Desde múltiples problemas angustiosos confluyen lentamente las inquietudes medioambientales. La lucha contra Lemoiz centraliza ese proceso. Una vez paralizada esta central nuclear, aunque no demolida, el ecologismo tiende a abarcar más campos de acción. Desde sus mismos inicios se enfrenta primero al franquismo, después a la denominada «transición», luego a la «reforma» y ahora al ordenamiento constitucional-autonomista existente. Los intentos de las instituciones por integrar o desactivar las crecientes reivindicaciones fracasan una y otra vez.
Son muchos los problemas del ecologismo vasco: 1) carencia de medios y de preparación adecuada. 2) escasa coordinación y mucha dispersión. 3) boicot y cerco sistemático por el poder e intento de criminalización. 4) desbordamiento por la enorme crisis ecológica. 5) poca relación operativa con sindicatos, colectivos y entidades vecinales, etc. Mas pese a lo anterior, el ecologismo vasco dispone de una fuerza movilizadora notoria en los momentos determinantes, lo que demuestra la existencia de niveles altos de conciencia popular al respecto.

La conciencia y las organizaciones feministas son más tardías que las ecologistas. Su grueso fundamental aparece a mediados y finales de los años setenta, dentro del ascenso general de las luchas antifranquistas. Las diversas organizaciones de mujeres como el Emakume Abertzale Batza, Mujeres Libertarias, etc, que actuaron antes y durante la guerra civil, o de los grupos femeninos de ayuda a los presos en el franquismo, no pueden ser definidas como feministas, ya que no existían ni las reivindicaciones actuales ni las teorías de hoy. Es a mediados de los ochenta, simultáneamente a la entrada en crisis de toda la corriente revolucionaria antifranquista que estaba fuera de los postulados del MLNV, cuando las asambleas y organizaciones feministas vascas empiezan a decaer. Su auge y esplendor fue unido al de toda una corriente crítica que, empero, no terminó de asimilar la importancia clave del hecho nacional vasco pese a que formalmente defendiesen el derecho de autodeterminación.

Por parte del MLNV, el surgimiento de un feminismo abertzale fue lento por diversas razones. Pero hay que reconocer que ya desde su inicial formulación teórico-organizativa un poco seria aparecía recogida la necesidad de una organización específica de mujeres. El camino recorrido desde entonces es un ejemplo del proceso de enriquecimiento y asentamiento del MLNV.

Sin embargo, la experiencia cotidiana vasca, en sus luchas y movilizaciones, demuestra la presencia nada despreciable de un gran número de mujeres en todas las facetas de acción. Se debe reconocer que la función de la mujer ha sido decisiva no sólo en el presente sino también durante los años del franquismo. La actividad de la mujer ha dado a la casi totalidad de actos y formas de lucha un sentido preciso, que si bien no se ha concretado muchas veces en una independencia organizativa y en una precisión de sus postulados, sí ha impedido que pasara desapercibida. Ahora bien, tampoco ha logrado que los medios organizativos expresasen y potenciasen dicha presencia real.

La misma existencia de Herri Batasuna, de Gestoras, de AEK, por citar contados casos, sería imposible sin la participación de la mujer. Y en el caso que nos concierne, el ecologismo y sus relaciones con el feminismo se debe decir otro tanto.

Las debilidades actuales del feminismo vasco, que en cierta forma tienen relación con la del ecologismo, son: 1) lentitud para superar el bache de la segunda mitad de los ochenta. 2) escaso estudio de los cambios sociológicos que afectan a la mujer como consecuencia de la profunda crisis. 3) dificultades para combatir el machismo vasco sutil y resistente. 4) débil organización y también poca relación con otros colectivos y problemáticas tanto a nivel nacional como internacional. 5) atraso teórico.

No debemos pasar por alto uno de los aspectos más importantes y menos analizados: el tema de la violencia y de su práctica por la mujer. Hemos de partir de cuatro hechos: 1) se trata de uno de los debates clásicos dentro del feminismo, ya que existen posturas enfrentadas, desde las que sostienen que la mujer es en sí misma pacífica por cuanto es portadora de vida, y la que afirma que la mujer puede y debe practicar la violencia y de hecho siempre ha practicado diversos niveles de ella. 2) la historia vasca de lucha y resistencia en la que la mujer ha intervenido durante años en huelgas y actos, en piquetes, con formas de resistencia que llevan componentes de violencia, etc. 3) la concreción de lo anterior en la experiencia de las organizaciones armadas, en las que ha participado la mujer, y la existencia de un colectivo grande de mujeres prisioneras políticas de los Estados español y francés y, último, 4) la intervención de la violencia dentro de la lucha ecológica con diferentes escalas de aplicación, desde el ecosabotaje y el boicot hasta la lucha armada pasando por otros métodos y con la actividad de la mujer.

Esta tremenda experiencia social es soslayada en la mayoría de los debates feministas, reduciéndose a simples afirmaciones y conjeturas sin contrastación práctica real. El hecho es que no se puede pretender dar razón de la problemática ecofeminista en Euskal Herria sin abordar el crudo problema de la violencia opresiva y de la consiguiente violencia defensiva.

Se mire por donde se mire el problema ecofeminista nos encontraremos con los siguientes puntos

  1. Un Estado capitalista y patriarcal que recurre a instrumentos ferozmente machistas como la G.C., etc, y que niega por la fuerza derechos básicos.
  2. Una crisis ecológica límite y que es potenciada por el poder y únicamente contestada por los oprimidos, generándose múltiples focos de tensión en los que termina por aparecer la violencia.
  3. Una participación destacada de la mujer en organizaciones y grupos que practican diversos grados de violencia defensiva o que la justifican, siendo esos movimientos y sus entornos quienes se oponen con más decisión y coherencia a la crisis ecológica, al machismo, a la opresión generalizada y,
  4. Una indiferencia oficial que es vulgar colaboracionismo, de las instituciones y entidades oficiales, partidos reformistas, prensa, Iglesia, en lo tocante a la crisis ecológica y a las reivindicaciones de la mujer, de manera que su desprestigio es total dentro de esos movimientos y de los amplios sectores sociales cercanos.

Nos hemos limitado a presentar el problema. Esperemos que más adelante se pueda abrir un debate al respecto ya que se trata de una realidad que no sólo afecta a Euskal Herria sino a la totalidad de procesos de emancipación global que existen.

El ecofeminismo haría un flaco favor a la Humanidad si continuase ignorando una situación bastante generalizada y que requiere una investigación radical. Se corre el riesgo de cerrar los ojos a prácticas comunes que reflejan problemas estructurales, debido a la sobreestimación de postulados ideológicos reducidos a sectores eurocéntricos, intelectuales y acomodados. Nadie niega sus aportaciones pero tal vez sea llegado el momento de ir más allá, de extender y profundizar a la totalidad social, de sus contradicciones y focos de resistencia, esos métodos y reivindicaciones sustantivas.

Se trata de dilucidar si las necesidades-radicales, a las que tanto aporta el ecofeminismo, son:

primero, factibles en y durante el capitalismo;

segundo, qué dialéctica fines/medios se establece para su satisfacción y,

tercero, cómo se incardina todo ello en el proceso urgente y necesario de elaborar a escala planetaria una concepción alternativa al irracionalismo dominante.

4. Perspectivas.

Las tres tareas arriba expuestas van muy unidas a los marcos y contextos de emancipación. Las culturas, tradiciones, universos simbólicos, procesos de autocentralidad colectiva ante la opresión interna y externa, la historia de la acumulación capitalista y sus efectos desestructuradores y restructuradores en la globalidad social, etc, todo ello marca como un sello de origen a las diversas luchas y sus conexiones mutuas. A la vez, la extensión de la economía-mundo las acerca y las interrelaciona.

Nos estamos refiriendo a la innegable presencia del hecho nacional que en el ecofeminismo presenta exigencias propias. Son éstas:

  1. ª) Cómo integrar la concepción mundializadora y totalizante de la ecología con los intereses nacionales de los pueblos oprimidos.
  2. ª) Cómo acoplar las necesidades de lucha contra la crisis ecológica mundial con las necesidades de crecimiento sostenible y cualitativo de los pueblos oprimidos y necesitados.
  3. ª) Cómo unir las críticas a la universalización patriarcal del sexo-género y de su saber civilizacional con la especificidad nacional de las mujeres que luchan por la independencia de clase y de sexo.
  4. ª) Cómo crear instrumentos de decisión y participación a todas las escalas que superen los marcos restrictivos de la democracia patriarcal.

La confluencia de experiencias diferentes y su discusión es imprescindible. Tal vez la situación vasca reúna algunos puntos de reflexión dependientes de las condiciones propias:

  1. un desarrollo capitalista intenso e irracional que ha sido responsable de una crisis tremenda del ecosistema vasco.
  2. opresión nacional que condiciona todas y cada una de las situaciones y problemas.
  3. fuertes movilizaciones de masas en las que crecen las reivindicaciones ecologistas y feministas.
  4. movimientos y grupos sociales con arraigo.
  5. considerable sensibilidad social ante las agresiones ecológicas, sexuales y machistas.
  6. poca legitimidad de los aparatos de Estado y,
  7. fuerte legitimidad entre los movimientos y grupos sociales de las prácticas de violencia defensiva en todas sus formas.

Partiendo de los dos párrafos anteriores podemos extraer unas consideraciones sobre las perspectivas que se abren. Hay que decir previamente que esa apertura depende de las fuerzas que dediquemos a ello. Veremos primero las perspectivas generales y después las nuestras, las particulares vascas.

A nivel general:

  1. Mientras que se profundiza el deterioro económico mundial se agrava la crisis ecológica, actualizando las críticas ecologistas y sus concepciones.
  2. Mientras que se intensifica la contraofensiva del Nuevo Orden se asiste a un reforzamiento del patriarcado, actualizando las críticas feministas y sus concepciones.
  3. El hundimiento del llamado «socialismo real» facilita las posturas burguesas en los dos puntos anteriores.
  4. Los profundos cambios productivos, sociales, tecnológicos, etc, que se están dando aún no han permitido la emergencia de saberes y formas alternativas a escala mundial y estables, encontrándonos pues en un momento de cambio de subjetividad revolucionaria.
  5. Las exigencias que lo anterior imponen a los ecologistas y feministas son grandes, siendo una de ellas la de las relaciones con otros movimientos de resistencia.
  6. El conocimiento de lo que sucede en el trasfondo, en los intereses socioeconómicos de una minoría, en las estrategias de dominación imperialista aparece como una necesidad imperiosa para poder responder a los retos vistos.
  7. Ello nos retrotrae a las cuestiones arriba analizadas y a las cuales deben responder el ecofeminismo y todos los otros movimientos reivindicativos.

A nivel vasco:

  1. Una concreción de los puntos anteriores a nuestras condiciones nacionales.
  2. Elaboración de puntos de confluencia de la ecología y del feminismo en Euskal Herria.
  3. Buscar formas organizativas y propagandísticas adecuadas a las necesidades estudiadas.
  4. Sobre esta base, contactos del ecofeminismo con movimientos, colectivos, sindicatos, etc, es decir con las formas autoorganizativas del pueblo trabajador.
  5. Exposición de criterios y propuestas a esos colectivos según sus situaciones y problemáticas específicas.
  6. Elaborar un programa que contenga los puntos comunes de ecologistas y feministas para exponerlo nacionalmente como aportación a la emancipación del pueblo trabajador.

Para acabar: la existencia de puntos comunes entre la ecología y el feminismo, que pueden dar paso al ecofeminismo, no anula la existencia de reivindicaciones específicas y autónomas de uno y otro en muchos campos de intervención.

El feminismo no se agota en sus relaciones con la ecología y viceversa. Cada uno de ellos mantiene su vigencia y operatividad, aunque la interpenetración en un campo preciso refuerce su fuerza de impacto crítico.
Una sabia y ágil dialéctica es la garantía de que todo el potencial liberador de ambos movimiento crezca tanto en su quehacer autónomo como en su mutua interacción. Y esta interacción bien puede concretarse en el surgimiento de organizaciones estrictamente ecofeministas situadas en los puntos de intersección de ambos movimientos y dotadas de la capacidad suficiente para operar con libertad en su campo. Se trata de un reto que más temprano que tarde debe ser asumido.

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